miércoles, 15 de febrero de 2012

Pilar Fajardo en la Platería

Fuente: Blog Volandovengo de Jorge Bustos

Pilar Fajardo en La Platería

20120209111152-pilar-fajardo.jpgLos jueves flamencos en La Platería tienen un saborcillo especial. Aparte de que son abiertos a la totalidad del público que quiera asistir, a un precio asequible (no sólo socios), se suelen programar a jóvenes flamencos de Granada, donde ven una oportunidad de bailar en un escenario de “categoría”. La mayoría de los asistentes son turistas que visitan la ciudad de Granada, pero sobre todo estudiantes de alguna academia (Carmen de las Cuevas) que acuden a contemplar el flamenco en su raíz, el flamenco profesional.
Pues, siempre lo repetiré, los flamencos jóvenes de los que hablamos, no son noveles, pues vienen bailando desde los cuatro años o los seis o los ocho. Así, un flamenco de veinticinco años, puede que lleve diez, doce o quince años pisando los escenarios. La segunda o tercera fila en este arte es muy relativa.
Pilar Fajardo, bailaora algecireña, afincada desde hace tiempo en Granada, me sorprendió por su madurez estilística. El jueves pasado, 2 de febrero, en el escenario de La Platería se mostró segura y exigente. Hacía tiempo que no había coincidido con ella y, lo que siempre terminaba por pensar, que su baile,  aunque bello y completo, consistía en rellenar el silencio y en contentar al respetable, está adquiriendo una seguridad y presencia dignas de admiración.
Le acompañó a la guitarra Rafael Fajardo, un tocaor de oficio, con un sabor flamenco y un soniquete sacromontano de primer orden. Abrió el recital con un solo por granaínas lleno de pellizco e intención. Al cante, Manuel Heredia, uno de nuestros imprescindibles cantaores de atrás, estableció su reinado en forma de cuplé por bulerías lleno de referencias, en las que se acordó de Cecilia o Bambino, entre otros.
Pilar entró por soleares, en las que domina el espacio y se siente a gusto. Es una buena muestra de su evolución y sobre todo de su perspectiva, que es lo más importante.
La segunda parte comienza por tangos. Estrella, que se había limitado a llevar las palmas se muestra como una cantaora de compás y con buen eco flamenco.
Acaba la velada por alegrías, donde Pilar tiene su sello, aunque no son tan redondas como la soleá por bulerías de un principio. Su entrega es reconocible y su compromiso importante.
* Foto sacada de su Facebook.

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