lunes, 2 de abril de 2012

Juan Andrés Maya ‘La Pasión’

Fuente: deflamenco.com Texto y fotos: Antonio Conde

Juan Andrés Maya ‘La Pasión’ -Teatro Isabel la Católica. Granada -
A día de hoy Juan Andrés Maya es el representante flamenco más genuino que hay en Granada. En la mayoría de las citas flamencas de Granada está su nombre, unido al de Iván Vargas y jara Heredia. La familia siempre cerca. Su ideario es amplio y lo mismo se calza unas botas para bailar junto a Canales como Miguel Poveda le canta por soleá. Su personalidad le permite indagar en otros ámbitos ajenos al flamenco, para lo que se pone la máscara teatral y se viste de túnica.

Y este fue el caso que aconteció. Para acudir al teatro había que ir con unas gafas en las que por el cristal no se viera flamenco. Estrenó su particular visión de ‘La Pasión’, esto es, los últimos días de Cristo. Porque si hablamos de flamenco poco, muy poco hubo. Pero ya lo advirtió: es una obra diferente en la que el teatro se antepone al flamenco. Sin embargo, él es flamenco así que quiera o no, la etiqueta jonda la puso.

La historia comienza un domingo de Ramos y la entrada de Cristo (Juan Andrés) en Jerusalén. Escuetos fogonazos flamencos que desaparecen enseguida para dar paso al teatro. Más de treinta figurantes compusieron el resto del elenco artístico que intervino durante la noche, haciendo las veces de ciudadanos y adeptos al mesías. Los diferentes pasajes pasaron por la última cena, el prendimiento en el huerto de los olivos…

Un Iván Vargas pletórico tanto en su baile como en su interpretación de Judas magnificó la obra. La Orquesta Ciudad de Granada amenizó la parte musicalizada sobresalientemente. En estos momentos ya sonaba ‘Amargura’ de Manuel Font de Anta mientras ‘Barrabás’ se libraba de la crucifixión y Juan Andrés Maya es crucificado. Si algo hay que destacar de esta obra es la crudeza con la que se relatan los acontecimientos. Una realidad que causó impresión pues hasta los latigazos que recibía el protagonista fueron tales.

Del final del patio de butacas apareció con la cruz al hombro custodiado por dos guardias que seguían martirizando con el látigo sin parar. Los elementos escenográficos aportaron realismo a la trama, a la par que el vestuario fue inmejorable. La cruz en la que Maya se colgó podía medir cinco metros y allí permaneció durante un rato mientras le rezaban. En estos momentos y como otra de las aportaciones flamencas a esta historia contada con imágenes suena ‘La saeta’ de Joan Manuel Serrat en la versión que popularizó Camarón de la Isla.

Un guión conocido, manido, pero tratado desde una perspectiva diferente. Desconozco si era el propósito de Juan Andrés el exclusivo carácter teatral de la historia o su intención fue la de que coexistieran el flamenco y el teatro. Tan solo una pincelada inicial y el baile de Iván no fueron suficientes para los que queríamos ver más baile. Aún así, y sabedores de la posible idea del protagonista, la obra fue excelente y el tratamiento otorgado a través de los elementos escénicos fue inmejorable.

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