lunes, 11 de junio de 2012

Versos a compás

Fuente: Ático Izquierda 11/06/12
Por Miguel Ángel González
"La humanidad es patrimonio del flamenco", decía el maestro Enrique Morente, retrucando con certera socarronería al tardío descubrimiento llevado a cabo por la UNESCO en 2010. Verdad irrefutable. El flamenco sabe que ninguna cultura puede sobrevivir a la endogamia, que todo arte que se nutre sólo de sí mismo está condenado a corromperse y desaparecer: desde sus primeros balbuceos, en el último tercio del siglo XVIII, ya hizo de la humanidad, de todo cuanto es humano, fuere de donde fuere, su patrimonio. Desde más atrás incluso, desde sus remotos preliminares, amalgama de múltiples influencias étnicas, sociales y artísticas, el flamenco manifiesta una singular capacidad integradora, virtud que contribuye en no escasa medida a avalorarlo más aún en un mundo tan fragmentario como el actual.

Los romances, los más antiguos cantos populares españoles de tradición oral, así como las inmemoriales nanas y canciones campesinas de labor, o los fandangos y demás aires moriscos, confluyen, se decantan y depuran en el crisol de la música flamenca, siempre extraordinariamente versátil, en continua transformación y evolución que, en nuestros días, tienden puentes también a la música clásica, al jazz, al rock, a la salsa, al góspel...

Y otro tanto ha sucedido, de manera exuberante en las últimas décadas, con las nuevas letras que introducen en el cante artistas como Menese, Morente, Camarón, Gerena o Paco Moyano, por citar sólo algunos de los pioneros más conspicuos. Poetas como Lorca, Antonio y Manuel Machado, Miguel Hernández, Bergamín, Juan Ramón Jiménez, Pedro Garfias, Alberti, Omar Kayan, San Juan de la Cruz, y muchos otros, se han incorporado al cancionero flamenco, a despecho de inmovilistas, puristas y conservadores a ultranza.

Pues bien, la poesía de David Rosenmann-Taub resulta ser, a través de la presente grabación, la última adquisición de esa nobilísima y ya vasta nómina. Aguacibera se constituye así en orgulloso embajador de una voz cuyo señero discurso poético, inaudito hasta el presente en estos pagos, viene a enriquecer el corpus literario flamenco y a ser musicalmente enriquecido por él. Una tarea a todas luces ardua, sólo posible merced al emocionante cuanto perceptible amor al oficio de que sus autores hacen gala en este disco, y que, justo es notarlo aquí, se ha visto sensiblemente facilitada por la música propia subyacente en los poemas de Rosenmann-Taub, circunstancia a que no puede ser ajena la dualidad artística de quien es a un mismo tiempo poeta y compositor.

De su antes aludida capacidad proteica son buen ejemplo, los cantes americanos del flamenco, mal llamados de ida y vuelta. En esta grabación se ofrecen, como no podía ser de otra manera tratándose de un autor hispanoamericano, tres muestras muy representativas: rumba, vidalita y colombiana, e incluso el acompañamiento guitarrístico aguajirado de las cabales, inconfundible signo distintivo de este palo antiquísimo. Junto a estos cantes, otros tan acendrados y venerables como las soleares, tonás, tientos y bulerías. Y un tema de adscripción no flamenca para el poema Schabat, en homenaje a la ya mencionada faceta compositora de David Rosenmann-Taub, si bien el Homenaje propiamente dicho, a la vez poético y musical, reside en los versos de Antonio Machado, Hernández y Juan Ramón, que se mecen a compás de tangos de Granada: un brindis alborozado, jondo y sensual, que el flamenco en general y el flamenco granadino en particular tributan al poeta chileno, en este su feliz maridaje con la más demandada y aplaudida de las creaciones musicales españolas de todos los tiempos.

Esther Crisol
Nacida en Granada, Esther Crisol dio muestras desde muy niña de vivo interés por la música en general y por el flamenco en particular, interés que pronto se hizo extensivo a todo cuanto tiene que ver con el arte. El ambiente familiar, entre otros factores, fue decantando su actividad hacia el género andaluz por excelencia, y sus primeros pasos profesionales como cantaora se produjeron a partir de que ganara el I Concurso de Jóvenes Flamencos promovido por la Diputación de Granada, a consecuencia del cual realizó su primer registro sonoro en un disco colectivo junto a otros jóvenes artistas. Pero es en su primer trabajo en solitario, De la Fuente, grabado en 2010, donde Esther da cuenta, a modo de carta de presentación pública, de un apasionado desvelo clasicista, que le lleva a rendir homenaje a los cantes y cantaores más puros, puntales irrenunciables de su iniciación y evolución. Maestra de música y violinista, su formación docente y su gusto por la poesía le han servido al mismo tiempo de fuerte incentivo y de valioso auxiliar para dar a luz este nuevo trabajo, Aguacibera, en el que aborda diversos palos flamencos, sin abandonar las raíces clásicas pero abriéndose más a la experimentación y a la expresión de su personal concepción de la música.

David Rosenmann-Taub
David Rosenmann-Taub (Santiago de Chile, 1927) ha demostrado a lo largo de su obra un extraordinario talento sinérgico para la poesía y la música. Su libro, Cortejo y Epinicio (1949), publicado a los veintidós años, fue recibido como una revelación por su novedad y luminosa fuerza expresiva, y lo situó en la primera línea de la lírica contemporánea chilena. Con el paso del tiempo, su completa dedicación a su arte, alejado de la vida social, ha dotado a su figura de una condición legendaria. Fue uno de los iniciales poetas latinoamericanos a quien la Biblioteca Cervantes Virtual incluyó en su sitio con su propia Biblioteca de Autor. Lleva publicados más de quince títulos y sus libros se han traducido a varias lenguas. David Rosenmann-Taub reside en Estados Unidos, donde continúa escribiendo, componiendo y dibujando.

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