miércoles, 18 de julio de 2012

Con aires de La Bahía

JORGE FERNÁNDEZ BUSTOS
CRÍTICA
II Festival de las Cuevas - Noches flamencas en el Sacromonte
De Cái a Graná


Flamencos: Pilar Fajardo (baile); Manuel Heredia y Manuel Peralta (cante); Rubén Campos (guitarra); José Cortés ‘El Indio’ (percusión).
Lugar: Museo-Cuevas del Sacromonte. Aforo: lleno. Fecha: 13 de julio de 2012

Deslució la noche el soporte técnico. Es una pena que tras realizar un trabajo de bastantes horas, con mejor o peor resultado, elementos externos lo tiren por tierra. Lamentándolo mucho, los protagonistas de la noche fueron el sonido mediocre y la luz perdida.

El sonido, que fue bajo en su conjunto, descompensado por momentos, aliñado con acoples y silencios inoportunos, quitó brillo a la guitarra (Rubén Campos). En cuanto a la luz, mientras los músicos estaban bien iluminados, Pilar Fajardo, que era la protagonista, bailaba en penumbra.

Una carrera de hormiga lleva esta algecireña afincada en Granada desde hace más de una década. Su baile es una labor de conquista y su paso quedo es seguro, afianzado con el siguiente. Tiene gracia y presencia en un baile que no deja de ser de oficio.

Para los tanguillos, con los que quiso empezar su actuación, cuenta con el cantaor gaditano Manuel Peralta, de reconocido eco y compás seguro. Es el comienzo que desde su tierra va sembrando. Se agradece su brevedad. Tan sólo una pincelada redonda a modo de presentación sirve para mostrar sus credenciales.

Manuel Heredia, poderoso y añejo, es único cantando cuplé. Con A tu vera por bulerías, comienza a hilvanar algunas conocidas letras de copla y bolero para solaz del público. Las seguiriyas aceleradas dan paso de nuevo a Pilar bailando por alegrías, quizá su pieza estrella, que hace y rehace hasta tener vida propia.

La segunda parte se centra en su arribo a Granada. Una granaína se abandola por fandangos del Albaicín y termina por tangos del Camino. El sabor sacromontano y el castizo roneo impregna a esta bailaora que en algún momento da muestras de cansancio.

Unas bulerías al más puro estilo, donde se alternan los cantaores, introducen en cierta forma la soleá que cierra la función. Esta duplicidad de formas habría que planteársela, máxime si el bis también será por bulerías. En la soleá demuestra Pilar su poder dramático y su lenguaje aplaudido, sobre todo en la escobilla.

El fin de fiestas, como ya he indicado, viene por bulerías, al que se suman una media docena de bailaoras y bailaores presentes en el acto, haciendo del fin, como su nombre indica, una verdadera fiesta.

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