lunes, 23 de julio de 2012

La herencia de Iván

JORGE FERNÁNDEZ BUSTOS
CRÍTICA
II Festival de las Cuevas - Noches flamencas en el Sacromonte
Yo mismo

Músicos: Iván Vargas, Alba Heredia, Estela Rubio, Rocío Vargas, Alexandra (baile); Juan Ángel Tirado y Rafi Heredia (cante); Pepe Maya ‘Marote’ (guitarra). 
Lugar: Museo-Cuevas del Sacromonte. Aforo: lleno. Fecha: 20 de julio de 2012

Sobre todo coherente. El viernes, el último día de julio del Festival de las Cuevas, tuvimos una noche coherente. Quizás la más redonda. Iván Vargas fue fiel a sus principios, a su trayectoria, a su gente. La simplicidad de un título, Yo mismo, se vuelve eficacia en el contexto sacromontano.

Iván, rodeado de los suyos, con los que quiso compartir escenario, fue mostrando todas sus cartas. A saber, un baile macho de rancia herencia Maya, lleno de compás y pasos violentos, de movimientos quebrados y vértigo en los zapatos. Desde el trabajo diario en la cueva, la fuerza, la complicidad y a veces la desmesura están presentes.

En su baile adivinamos a Juan Andrés, pero también a Mario y a Manolete, aunque cada vez hay más detalles propios como de quien quiere volar y aún sus alas no le pertenecen.

Un comienzo por seguiriyas, baile enseña de los Maya (su compás prácticamente salpica todos su bailes), sirve de presentación a un grupo homogéneo. Las bailaoras Alexandra, Rocío Vargas, Estela Rubio y Alba Heredia almohadillan al protagonista que se acuerda de sus mayores.

Los cantaores, Juan Ángel Tirado y Rafi Heredia, se ganan el puesto y el clasicismo de Pepe Maya ‘Marote’ a la guitarra hace lo que sabe. Tirado demuestra que es el cantaor con más facultades de nuestra ciudad y puede que de un amplio panorama. Rafi se muestra más moderada y exacta que de costumbre.

La soleá es una muestra de la sabiduría del cantaor. Las escobillas de esta pieza pueden ser de las mejores entregas del bailaor granadino. Los cantes de levante, un mano a mano entre Iván y Alba, preludian tangos del lugar. Observamos el dominio rudo de esta pareja. (Mario Maya decía que el baile no es fuerza bruta.)

Rafi Heredia muestra largura aflamencando Hijo de la Luna de Mecano, mientras la pareja de primos realiza un paso a dos muy a la manera dramática y melosa de Juan Andrés.

La segunda parte comienza por cuplé y bulerías (Un clavel de Rafael de León) que por turnos aborda el cuerpo de baile. Por último, las largas alegrías comienzan en una silla, al más puro estilo de Mario. En ellas se echa toda la carne en el asador y, a pesar de las huellas que lo impregnan, en el baile de Iván Vargas sólo podemos ver el baile de Iván Vargas. El fin de fiestas viene por tangos, como debería ser en nuestro territorio, en los que expone su hacer o su buen hacer o su quehacer todos los presentes.

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