domingo, 8 de julio de 2012

Un quejío de piedra y bronce

M. VICTORIA COBO
El monumento de homenaje al flamenco se ultima estos días antes de su colocación en el Paseo del Violón

El quejío del cantaor, la pose coqueta y altanera de la gitana y la caricia a las cuerdas del guitarrista presidirán en unos meses el Paseo del Violón. Las tres figuras mirarán al paseante desde una altura de nueve metros, los que tiene el monumento de homenaje al flamenco que estos días se ultima en el taller de fundición. Más de tres mil kilos de bronce y piedra, modelados por las manos del maestro Juan Antonio Corredor, reivindicarán la relación de Granada con este arte declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Todo está pensado en este colosal monumento para dejar claro que Granada está tallada en la historia del flamenco de forma indeleble. Así quedó escrito en el Concurso de Cante Jondo de 1922, que auspiciaran García Lorca, y Manuel de Falla y que recibe su particular homenaje en el conjunto escultórico. Aquel festival supuso un aldabonazo para el arte flamenco, que embadurnó de respeto al cante, elevándolo a una categoría superior.

El sueño
El monumento fue encargado por el Ayuntamiento de la ciudad en 2008 al artista cordobés Juan Antonio Corredor, que estos días pule ya los detalles. Es el sueño hecho convertido en bronce de dos enamorados del flamenco, Miguel Poyatos y José Riquelme, que un día se plantaron en el Ayuntamiento dispuestos a contagiar esa pasión por el cante, toque y baile. «La idea me la transmitió Miguel un día de los muchos que salimos a dar una vuelta. Me dijo que le gustaría un monumento que homenajeara al flamenco. Incluso pensamos si se podía hacer en el patio de los Aljibes o en la Romanilla», recuerda Riquelme, uno de los fundadores de la mítica peña La Platería. Él animó a su amigo, y concertaron una cita con el responsable municipal de Cultura.

«No quisimos decir nada, para que no se hiciera público y no nos robara la idea Sevilla», recuerda Riquelme, que ha seguido la evolución del monumento en estrecho contacto con el escultor, de quien se ha hecho buen amigo. Desgraciadamente, estos días se cumple un año del fallecimiento de Poyatos, que no podrá estar en la colocación de la obra en el Paseo del Violón, «un lugar magnífico» para su amigo Riquelme. Ambos compartieron pasión por el flamenco en los encuentros de la primera peña de flamenco del mundo, y tardaron poco en convencer al Ayuntamiento de que Granada se merecía esta escultura.

Aquel sueño del enamorado del flamenco se hizo primero barro, luego escayola, y ahora tiene ya forma en bronce y piedra.

Homenaje
El monumento consta de una base realizada en piedra de Sierra Elvira, rematada por cuatro frisos con mediorrelieves. Encima se levanta el grupo escultórico formado por el cantaor, la gitana y el guitarrista.

La base, con el lema 'Granada al Flamenco' en la parte frontal, rendirá homenaje a los participantes más ilustres de aquel Concurso de Cante de 1922, entre ellos Falla o Lorca, muy interesados en este arte.

Los relieves que rematan la base representan, en la parte frontal a ocho mujeres vestidas de gitana, que simbolizan las ocho provincias andaluzas. En cada lateral hay otros frisos que representan a otras cuatro mujeres, con algunos elementos del flamenco, como el martinete o las castañuelas. Están vestidas con el traje de gitana, que tanto se usa en Andalucía para fiestas o romerías, y charlan antes de comenzar a bailar o cantar. Una de ellas pide silencio, como señal de respeto por aquellos que llenaron de duende el Patio de los Aljibes en aquella noche de 1922.

La parte trasera es otra gran placa en la que Corredor, el maestro escultor, homenajea el cartel del Concurso de Cante Jondo, reinterpretando la pintura de Manuel Ángeles Ortiz, quien elaboró el original introduciendo el flamenco en la iconografía moderna.

Encima del blanco mármol de Macael y la piedra oscura de Sierra Elvira, se erigen imponentes las tres figuras flamencas. El desgarro del cantaor, en gesto casi surrealista, dota de movimiento al conjunto. El gesto íntimo del guitarrista impele a guardar silencio, como queriendo escuchar lo que solo él oye. Y la mirada al frente de la mujer andaluza, que enseña sensual la espalda y deja entrever una pantorrilla al recogerse la bata de la cola, pretenden reflejar las tres ramas de este arte: cante, baile y toque.

«Yo tenía una idea y desde el principio la respetaron», explica el escultor cordobés Juan Antonio Corredor, en su casa-taller de la Vega granadina, en el taller del que salieron los bocetos. Solo desvela que el cantaor, en el primer boceto, iba desnudo y finalmente 'encontró' unos pantalones para no enseñar más de lo preciso cuando presida el paseo del Salón.

Expresionista
Fue el cantaor la primera figura en ser modelada. «He buscado la expresividad en la cara, porque el flamenco es un cante expresionista», destaca Corredor junto a su obra. «El flamenco expresa sentimientos, amor, desamor, pena, falta de libertad.Es el desahogo del pueblo humilde», resume Corredor, bajo las manos abiertas y expresivas del cantaor. El grupo escultórico, con una composición piramidal que le da armonía, se ultima ya en el taller de fundido de Miguel Ángel Moliné. De sus hornos salieron todas las figuras de bronce del bulevar de Constitución. En él confían tanto Corredor como otros artistas, para convertir la maqueta en una escultura. Y él tiene dos 'secretos' para trabajar con los artistas: «respetar mucho su obra y decirles a todos que son el mejor», dice con media sonrisa este profesional del fundido.

Se hizo usando la técnica llamada 'a cera perdida', la misma que se usaba ya en la antigua Grecia y que supone dejar el molde cuatro días en un horno a 700 grados, hasta que el bronce coge la forma de la cera perdida. En los talleres de este experto descansa el impresionante conjunto, que ha necesitado unos 1.500 kilos de bronce.

Solo le falta la base, en la que se tallarán los nombres ilustres de los participantes en aquel concurso, donde un adolescente Manolo Caracol se llevó un premio de 1.000 pesetas.
Este monumento irá colocado en el Paseo del Violón, donde estaba ubicado el homenaje a la Constitución que se colocará en la avenida que lleva su nombre. Pensando ya en este colosal grupo escultórico se reforzó incluso el suelo en la zona en la que se instalará este imponente monumento. Será en otoño cuando presida el paseo, para hacer eterno ese quejío de piedra y bronce.

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