jueves, 30 de agosto de 2012

El peso merecido de una bailaora

JORGE FERNÁNDEZ BUSTOS
CRÍTICA

II Festival de las Cuevas - Noches flamencas en el Sacromonte
De Cái a Graná


Flamencos: Pilar Fajardo (baile); Manuel Heredia y Manuel Peralta (cante); Rubén Campos (guitarra); José Cortés ‘El Indio’ (percusión).
Lugar: Museo-Cuevas del Sacromonte.
Aforo: lleno.
Fecha: 29 de agosto de 2012

El Festival de las Cuevas repite hogaño las mismas funciones que tuvieron lugar a mediados de julio. No queda más remedio entonces que hacer una comparativa con su paralelo en aquellos momentos

Ayer miércoles tuvo lugar la actuación de la bailaora Pilar Fajardo y su grupo, volviéndonos a ofrecer su obra De Cái a Graná, que viene a ser una retrospectiva de la vida de la artista, comenzando en Algeciras, su lugar de origen, y terminando en Granada, la ciudad adoptiva.

El espectáculo en sí no está tan maduro como cabría pensar pero sí más suelto y seguro. La bailaora, con menos nervios, manda en el escenario y tiene tan asumido lo que ha de hacer que a veces se olvida de los músicos. Sin embargo su entrega es redonda, llena de gracia y propuesta. Pilar Fajardo se está convirtiendo en una bailaora de peso.

Dos partes muy definidas tiene su propuesta. De primeras, nos presenta Cádiz. Desde el fondo llegan al escenario entonando unos tanguillos, que canta su paisano Manuel Peralta, quizá más desganado que la vez anterior. Tan sólo una pincelada de esta bailaora sirve para mostrar su buen hacer y las ganas de agradar. Sus movimientos son agradecidos como su estampa rotunda.

En el interludio, hasta el regreso de la bailaora para cerrar la primera parte, Manuel Heredia, con su particular aguardiente y la voz quebrada, nos presenta un cuplé por bulerías que ya tienen un sello personal. Manuel Peralta, por su parte, ofrece unas seguiriyas que vienen a ser lo mejor de su participación, como ya digo, algo descafeinada.

Para cerrar este primer momento, Pilar, más segura que nunca, con vestido rojo de cola, hace entrega de unas alegrías llenas de detalles, que vienen a ser sus verdaderas señas de identidad.

La segunda parte, con el sonido bastante más compensado que al principio, aunque los pies siguieron sonando sordos, comienza por granaínas en la voz de Heredia, que en su mitad se abandolan recibiendo a la bailaora con su gracia trasladada y terminan por tangos con sabor sacromontano donde Pilar Fajardo se luce como buena asimiladora y trasmisora de los valores del Camino.

Unas bulerías notables, donde destaca sin precedentes el guitarrista Rubén Campos, en las que se hace un desafortunado comentario referente a los flamencólogos, dan paso a la soleá final que, como un canto de cisne, la protagonista vence y convence.

Al fin de fiestas por bulerías se suman algunas bailaoras desperdigadas entre el público. José Cortés ‘El Indio’, que ha llevado una respetuosa percusión desde el principio, como bailaor de oficio, también se da su pataílla.

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