lunes, 20 de agosto de 2012

Los cazadores del alma flamenca

Fuente: granadahoy.com 20/08/2012
NOÉMIE BUSSON

Muchos artistas confian en el saber hacer de los guitarreros Bernd Martin y Daniel Gil de Avalle para la construcción de sus guitarras, un arte que ejercen en la capital desde hace más de 20 años


En verano, las calles de Granada vibran al son de la guitarra flamenca. En los patios, cuevas y corrales resuenan la voz y las palmas de cantaores, los tacones de las bailaoras y, por supuesto, los rasgueos de las guitarras. Pero no cualquier guitarra; se trata de un instrumento fabricado con mucho mimo por guitarreros procedentes de la escuela granadina, reconocida a nivel internacional. Este saber hacer tan propio de aquí tiende a ser hereditario, aunque también lo ejercen apasionados que se sumergen de primeras en este universo.

Este es el caso de Daniel Gil de Avalle, con su taller en el barrio del Realejo, y Bernd Martin, en el Sacromonte. Ambos aprendieron el arte de construir guitarras de la mano de maestros de la escuela granadina como José López Bellido o Germán Pérez Barranco.

Un niño de familia humilde decidió un día restaurar el piano de su vecina para venderlo y sacar algo de dinero para poder irse de viaje de estudios. Así empezó la aventura de Daniel Gil de Avalle y Montes en la reforma de instrumentos y su juego con la música en general y con el violín en particular. "En mi casa, mi hermana era cantante de ópera y eso quizás me influyó a la hora de elegir la música como una salida profesional. De hecho, yo pensaba que iba a tocar violín y al final acabé haciéndolos", cuenta.

A pesar de su gusto por tocar el violín, se aficionó cada vez más en su fabricación. "Empecé a apasionarme porque cada vez que pasaba por un taller me embriagaba el olor a madera", confiesa el guitarrero de la Plaza del Realejo, que ahora se dedica casi exclusivamente a la construcción y restauración de guitarras desde hace más de 20 años.

Mientras tanto, fuera de las fronteras españolas, en Stuttgart (Alemania), otro apasionado de música truncó su aprendizaje de piano -un paso obligatorio cumplido los 8 años en su familia desde generaciones- para volcarse en el estudio de la guitarra eléctrica. Así, el día que recibió la carta de admisión en el Conservatorio de Munich decidió rechazarla para dar un cambio radical a su vida. Para ello decidió emprender un viaje a Granada en el año 1976, en pleno boom del oficio de guitarrero. "Poco a poco el interés musical que tuve se enfocó más a la guitarra española. Entonces decidí venir a Granada expresamente para aprender a hacer guitarras, eso sí, sin nada de formación ni información", dice entre risas Martin. Tras entrar en contacto con el oficio con Antonio Durán y Eduardo Ferrer, fabricó su primera guitarra con José López Bellido e instaló su primer taller en el barrio del Albaicín en 1978, convirtiéndose en el primer guitarrero extranjero instalado en Granada.

La madera vibra

El proceso fundamental de construcción de instrumentos consiste en la transformación de la madera en sonido. Para ello se utilizan maderas de cualquier parte del mundo, desde el palosanto de Brasil, hasta el ébano de África pasando por el ciprés de la cuenca mediterránea. "En la guitarra española tenemos dos grandes grupos: la clásica y la flamenca. Aunque tienen mucho en común, se parecen tanto como a un hombre y una mujer", explica Gil de Avalle. Además del tipo de madera, el tiempo de curación también es importante a la hora de construir un instrumento. El reposo, que oscila entre los 10 y los 25 años, es necesario para que el material natural adquiera las condiciones acústicas adecuadas y requeridas para la construcción del instrumento.

La guitarra flamenca

En cuanto a la confección, para la guitarra flamenca se suelen elegir maderas más ligeras, del tipo del ciprés español. Tiene que ser más completa debido a que se toca de manera distinta: grajeado, acordes completos, a mano llana... La primera parte del puzle de su fabricación es el mago, al que se le añade una parte de enfoque, una pieza fundamental utilizada por la escuela granadina que permite encajar los aros en dos ranuras. En el siguiente paso interviene la tapa de resonancia, con su boca y sus adornos de mosaico. La otra cara de la tapa se provee de tiras finas de madera llamadas abanico, las cuales se sitúan por debajo del puente para reforzarla y repartir las vibraciones. Una vez que la tapa se une al mango y los aros encajan por dentro, se cierra la tapa encolando el fondo de la parte trasera y se ponen las cerezas, los adornos que protegen los cantos y embellecen. En cuanto al barnizado, consiste en el último toque final que se le da a la guitarra. "Más allá de la parte puramente mecánica de este oficio, lo importante es establecer una relación personal con la guitarra española, captar su alma", insiste Bernd Martin.

Referencias artísticas

Desde clásicos como Pepe Romero, hasta flamencos como Tomatito, Vicente Amigo o el granadino Luis Mariano, los talleres de Martin y de Gil de Avalle han visto pasar muchos artistas. "Que sean con mucho o poco nombre, cada persona que me pide un instrumento es muy especial porque veo su necesidad de sentir, su ilusión, su deseo... y ésa es mi principal motivación a la hora de ponerme a trabajar", confiesa Gil de Avalle.

Pese a que Granada es una de las cunas de la cultura flamenca, las guitarras de Martin y Gil de Avalle viajan por todas partes. De hecho, la producción de sus talleres, alrededor de unas 25 guitarras al año, se destina en un 80% a la venta internacional dado que los dos hombres construyen también guitarras de concierto, una rama muy activa fuera de España y un sector que no conoce la crisis.

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