jueves, 16 de agosto de 2012

Sugerente Anabel Veloso

JORGE FERNÁNDEZ BUSTOS
CRÍTICA

XIV Muestra de Flamenco – Los veranos del Corral

Músicos: Anabel Veloso (baile); Sergio Gómez ‘el Coloraíto’ y Naike Ponce (cante); Jaime Patino (guitarra); Diego Villegas (saxo, flauta, armónica); Miguel ‘el Cheyenne’ (percusión). 
Lugar: Corral del Carbón. 
Aforo: medio.
Fecha: 14 de agosto de 2012

El baile flamenco de ‘raíz’ actualmente es sólo la propuesta más añeja, es un punto de partida para crear un lenguaje propio, es el trampolín necesario para seguir creando. Al igual que un pintor ha debido demostrar que sabe pintar para llegar con coherencia y aplauso a la abstracción, un flamenco debe manifestar que conoce la tradición antes de ponerse en vanguardia.

El baile flamenco mantiene una bella evolución y ya son muchos que por derecho recorren sus márgenes, quizá teniendo como referentes a pioneros como Vicente Escudero o Mario Maya. Así el baile flamenco se complementa con algo de clásico, con algo de bolero, con algo de jazz, con algo de contemporáneo. Las ventanas se quedan abiertas y los aires de otras disciplinas impregnan libremente lo que antes era sólo ‘pureza’.

Anabel Veloso siguiendo este dictado, u otro parecido, apuesta por un baile enriquecido, abierto, personal, diferente. Tanto que se hace acompañar de los vientos de Diego Villegas, ofreciéndole un especial protagonismo a la armónica, al saxo o a la flauta.

Como guitarrista le acompaña Jaime Patino que, aunque eficaz, suena algo sucio, quizá debido al instrumento. Al cante Sergio Gómez ‘el Coloraíto’, mejor sin micro que con él, y Naike Ponce, con un giro un tanto especial. Al compás Miguel ‘el Cheyenne’, el más eficaz percusionista de nuestra tierra.

Es de destacar en Anabel la brevedad de sus piezas, demostrando que el baile flamenco no es una carrera de resistencia; la esbeltez y sinuosidad; la redondez y la transmisión.

La primera entrega llega en forma de guajiras con una auténtica introducción con armónica. El cante no termina de cuajar, sobre todo cuando se solapan las dos voces. La bailaora almeriense, con media bata de cola y abanico, expone su elegancia y sugerente clasicismo. Los tangos, en el primer interludio, miran a Extremadura y a Triana, nunca a Granada (lo que es extraño en un cantaor local.

Por soleá, acompañada de saxo, Veloso agrada con su estilismo y el conjunto de todo su cuerpo, aunque no destaque por sus pies.

Por tarantos continúa la obra. Sergio, a pie de escenario borda el cante, y después, como si de una coda se tratase, se propone una pieza con guitarra y travesera, donde la bailaora muestra todas sus cartas y donde impera su condición de bailarina interactuando con el mismo Villegas, en mitad de las tablas.

Un tema musical, cercano a la rumba con bastantes concesiones al jazz, donde vuelve a destacar el saxo, da paso a las alegrías con las que acaba el espectáculo. La percusión toma protagonismo y también la travesera. Anabel demuestra que también sabe mover la bata con gracia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario