domingo, 5 de agosto de 2012

Una inauguración sobresaliente

JORGE FERNÁNDEZ BUSTOS
CRÍTICA

XIV Muestra de Flamenco – Los veranos del Corral

Músicos: Javier Latorre y Fuensanta ‘La Moneta’ (baile); Miguel Lavi y David ‘El Gayi’ (cante); Gabriel Expósito y Luis Medina (guitarra) Miguel ‘el Cheyenne’ (percusión). 
Lugar: Corral del Carbón. 
Aforo: casi lleno. Fecha: 23 de julio de 2012

Después de ver espectáculos como el del lunes en el Corral del Carbón podemos sacar algunas conclusiones, creo que definitivas. No es necesario montar un teatrico para exponer una obra flamenca, los flamencos no son actores. No es necesario sudar  la camiseta para demostrar la entrega absoluta, los flamencos no son atletas. No todo es válido en flamenco. La filosofía del todo cabe, no es real. El flamenco es un arte y los artistas son los menos. Cuando presenciamos momentos sobresalientes, los menos notables, los mediocres, son más evidentes.

La noche comenzó con una palabra: Morente. Y con un sentimiento: Morente. Tenemos una deuda con el cantaor granadino que, cada uno desde su tribuna, intenta paliar. Pero es necesario, como dijo Raúl Comba, promotor de la Muestra, implicar a todo el sector y a todas las instituciones para dedicarle el homenaje permanente y definitivo.

Antes de comenzar la función, se presentó el segundo libro de Morente que edita la revista cordobesa Boronía. Es un libro a color, a diferencia del primero (2011), que era en blanco, negro y plata, en el que participa el Instituto Cervantes, el Instituto Andaluz de Flamenco y el completo apoyo de la familia Morente Carbonel. De hecho es Aurora, la viuda de Enrique, la que inaugura con sus palabras este homenaje, donde también aparece una entrevista fresca, preclara y madura de Soleá Morente, unas declaraciones reconocidas de Israel Galván, las confesiones de Los Evangelistas, el encuentro de Pepe Habichuela y Balbino Gutiérrez, biógrafo de Enrique, una entrevista al mismo cantaor celebrada en París en 2003 por el crítico de arte Hans Ulrico Obrist, un emocionante álbum de fotos y las voces incombustibles de medio centenar de admiradores.

Javier Latorre también le dedicó expresamente su trabajo al maestro granadino. En particular escogió para principiar su actuación una pieza barroca de Vivaldi, que a Enrique le hubiera gustado, que terminó por martinetes. En esta primera entrega, el bailaor cordobés, nacido en Valencia, evidenció sus maneras clásicas, su elegante verticalidad, sus pies exageradamente limpios y un conseguido juego de brazos inusual en los hombres. Sus bailes son breves y sin aspavientos. Muy al contrario, su exactitud viene unida a una aparente sencillez. La belleza lírica va unida al desgarro de la toná. Gayi y Lavi, Lavi y Gayi, se quedan solos en el escenario buscándose las entrañas. Al principio, un quejío a dos voces demuestra cómo se entienden estos cantaores. Después cada cual se araña a su manera.

Como artista invitada, Fuensanta La Moneta entra por seguiriyas (puede que largas). El drama pintado en su cara, la rabia y la pena se expresan a cada paso. No deja respirar, no da tregua, apenas unos segundos para escuchar la música y dejarse llevar como un canto rodado fiel a su compás. Las guitarras, aunque exactas, son jóvenes, ajenas a la complicidad necesaria para perfeccionar el cuadro. Las voces, extrañamente forzadas en su queja.

Vuelve Latorre por tarantos empreñados de tangos. El paso del drama a la fiesta es tan natural que parece un paseo en el que sortear breves obstáculos. La esbeltez, flexibilidad y efectismo son manifiestos.

La siguiente propuesta es una soleá por bulerías. La bailaora granadina no tiene secretos. Su baile es temperamental y novedoso, nunca remeda sus pasos y encuentra nuevos caminos con los que expresarse. Una larga coda por bulerías con caja y tacón revaloriza toda la obra.

Las alegrías son el canto del cisne de un bailaor, Premio Nacional de Danza 2011, que ya no se prodiga en los escenarios. Un galardón bien ganado por su complejidad universal y por su visión escenográfica, por la huella evidente que ha dejado en sus seguidores, que son cientos.

Termina la fiesta por bulerías. Miguel ‘el Cheyenne’ dirige la orquesta con la percusión. Todos se le van uniendo y los bailaores actúan individualmente y después al unísono, con una propuesta tan delicada como conseguida.

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1 comentario:

  1. Estimado Sr. Bustos: Raúl Comba NO ES PROMOTOR de nada y mucho menos de la Muestra... Es muy "bonita" su idea de implicar a todo el sector y a todas las instituciones para dedicarle el homenaje permanente y definitivo a Morente... Pero eso si, con la sana intención de hacerse cargo de la producción y llevarse el mejor trozo del pastel... Apropiarse del trabajo de otros es muy común por estos lares, señor Bustos.

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