lunes, 3 de septiembre de 2012

La pasión según Morente

Fuente: diariodesevilla.es 03/09/2012
Juan Verdú dirige para Telemadrid un documental sobre el cantaor desde la mirada apasionada del amigo, con actuaciones y entrevistas inéditas sobre temas actuales.

Morente, la pasión. Dir. Juan Verdú Realización: J. Blanco. Telemadrid

La pasión, según Morente, era, por este orden, la familia, los amigos, el cante jondo, Lorca, la poesía, Miguel Candela, Picasso... La enumeración es de José Enrique Morente, en su única, agudísima, intervención en este documental. Esto es obra de familia, de amistad: Aurora Carbonell, Estrella y Soleá Morente, José Enrique, Javier Conde, Rosario Muñoz, Ángel Gabarre, Antonio Carbonell, Montoyita, Pepe Habichuela, Carmen Linares, El Bola, José Manuel Gamboa, Juan Verdú, director del filme. Gentes que lo amaron, a los que amó. Gente que lo ama. De los que aman a los que aman a Enrique Morente. Tercera parte de una trilogía audiovisual morentina. El padrino III, que es esta obra, es la mejor de la trilogía, o se sitúa a distancia de otros homenajes audiovisuales o literarios que por ahí han sido.

Por eso estos 50 minutos son un regalo insoportable, porque toda la pasión morentina se incluye en esta obra que es, de alguna manera, la última obra de ese gran director de escena que fue Morente. Se conducía, a sí y a sus huestes, que eran su familia, con la seguridad y la ambición artística de quien se sabe dueño del escenario. Fueron muchos años de trato con las tablas. Su lucidez, su atrevimiento en la escena, se manifiesta aquí en un concierto inédito, de los muchos que ofrece este documental: Benicassim 2006, Colegio de Médicos, Perelada, Oviedo 2010. Pero aquí me refiero a la Suma Flamenca, los Teatros del Canal 2010, en que el grupo al completo sale a escena vestido de barberos picassianos, con la corbata roja colgando del sombrero, mientras barren la barbería. A las entrevistas, inéditas, con familia y amigos, con el propio Enrique, se unen los conciertos inéditos mencionados.

Todo ello hace de ésta una obra imprescindible, el último concierto de Morente, la tercera parte de su trilogía audiovisual, Sueña la Alhambra (2005) de Sánchez Montes, de la que se incluyen algunos pasajes, y Morente (2011) de Barrachina. Decía El Padrino III, porque Enrique Morente adoraba a la familia y hacía familia y para Morente lo primero era la familia. Una familia tan extensa, como señala Antonio Carbonell, que abarca a cientos de desconocidos porque, lo dijo Mercé, ser amigo de Enrique Morente no tenía mérito, era muy fácil. Morente amaba de verdad. Y, porque amaba, no era tonto. Sabía que darse era ganarse. El montaje, tan sutil como magistral, de este documental, lo evidencia. El montaje es morentino al cien por cien, no en vano el director es su hermano Juan Verdú. Sutilmente, sin que el espectador lo note, Morente vive en las imágenes porque va contestando cada una de las preguntas, cada una de las dudas, cada una de las cuitas que el aficionado, el amigo, el espectador de 2012 se plantea, en las voces, en las preguntas que formulan Verdú y Gamboa. Lejos de toda pedantería, que Morente detestaba. Por cierto, Gamboa formula la mejor tesis en torno a la revolución musical de Morente, cuando dice que unió oriente y occidente, introduciendo en el legado jondo occidental, soleares, seguiriyas, etcétera, los semitonos, las armonías, las melodías de tarantas y malagueñas orientales. ¡Ole! Tan sencilla como genial explicación de lo que este hombre fue: pegamento de culturas, de músicas, de personas al cabo.

Pepe Habichuela, el don de la oralidad. La película no está empaquetada al vacío: en medio de la entrevista con Gamboa en el Candela surge la imagen de Gloria Candela que tanto alimentó a Morente y a la noche madrileña. La película es también un homenaje a Miguel Candela, con una malagueña, otro inédito, compuesta en su memoria por Morente. La entrevista con toda la familia en una terraza de Lavapiés es morosa, reticente, hermosa y lenta, cálida como un atardecer de otoño en un Madrid maravilloso y desierto. La película es un homenaje a Madrid, Morente de Madrid, al Madrid flamenco y al flamenco en Madrid. A las calles que vieron la pasión de la pareja Aurora Carbonell-Enrique Morente, que dio como fruto esta familia bulliciosa y serena.

Enrique Morente nos habla, en 2012, en este filme. En su propia voz, a través de los inéditos, gracias al montaje, nos habla a los hombres y mujeres de hoy. Y nos habla también en las voces de los entrevistados. El valor de su discurso abarca todo tiempo y lugar en los que lata un corazón humano. Morente le hablaba, le cantaba, no al payo, al gitano, al culto o al plebeyo, al rojo o al negro, sino al corazón. Porque, como decía Terremoto, el flamenco se lo merece todo el mundo. Aurora Carbonell, una de las mujeres más lúcidas de nuestro tiempo, lo dice así, certera como saeta: "Nos ha dejado tanta riqueza humana que estamos alimentados hasta que Dios quiera". La cosa acaba con el último vals, la palabra de Lorca, la voz de Cohen, la música de Enrique Morente, la familia, "este vals de os quiero siempre".

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