viernes, 26 de octubre de 2012

Patricia Guerrero da batalla

Fuente: jerezjondo.com
TEXTO: MANUEL SUALIS
La bailaora granadina expone en Sevilla su enorme cantidad de recursos sobre las tablas

La bailaora Patricia Guerrero se estrenó en solitario en los Jueves Flamencos de Cajasol de Sevilla y lo hizo con una sala llena a pesar de las inclemencias del tiempo y la cantidad de ofertas culturales que coincidían esa misma noche. Había pues ganas y expectación por ver a la granadina con su propuesta, después de verla con el Ballet Flamenco de Andalucía de Rubén Olmo en su "Metáfora".

Con sólo 17 años ganó el prestigioso Desplante Minero de La Unión, un valioso premio que si bien muchas otras bailaoras no han sabido aprovechar, Patricia Guerrero ha ido tejiendo con paciencia y tesón una hebra de hilo del color tierra plomizo de la Alhambra. Cinco años entre hilos, horas de ensayos y actuaciones fuera de España hasta que le llegó su hora con la llamada de Rubén Olmo, que ha sabido darle su sitio en el BFA. A tenor del éxito que la ha ido acompañando en las diferentes representaciones que ha realizado el BFA por el estado español, unido a la aprobación unánime que recibió ayer en forma de aplausos por parte del respetable de la Sala Joaquín Turina, con sólo 22 años, Patricia Guerrero parece ser que ha entrado en la puerta de la aceptación por parte de un público exigente como es el sevillano, acompañada por una exagerada lluvia torrencial que parecía iba a deslucir su estreno, pero que sin embargo fue todo lo contrario, le iba a dar este arroyuelo en el que se convirtió ayer Sevilla, el empujón definitivo para integrarse y pedir paso con credenciales suficientes entre los programadores y festivales que aún se mantienen vivos pese a la crisis.

Patricia Guerrero fue valiente y entró en escena con malagueñas precisas que ejecutó ataviada con un precioso vestido rojo de intenciones goyescas de la sierra rondeña. Bailó parada y sin apenas moverse en un metro cuadrado, mostrando desde un principio una solidez a prueba de bombas por mucho que fuera su estreno y ante el público sevillano. Le acompañaban atrás en el cante los sevillanos Moi y El Galli, ambos de Morón, junto a los granaínos Luis Mariano a la sonanta y Cheyenne a la percusión. De un solo terció de malagueñas se sirvió la granadina de Huétor-Tajar para adentrarse en una suerte de abandolaos que sirvieron para que dejara atrás la rectitud del metro cuadrado para volar por el escenario con unos brazos que lo abarcan todo, se hacen inmensos y destila figura y presencia. Todo con una coreografía impecable y llena de detalles inteligentes, jugando con el sombrero y haciendo incluso desplante de rodillas. Cerró el número con verdiales más veloces para dejar el protagonismo final a Luis Mariano, con una falseta que ralentizaba el compás sutilmente hasta que se encomendó nuevamente a la libertad de la malagueña, en la que con parsimonia y elegancia volvía Patricia Guerrero a la postura de donde partió, colocándose con prestancia el sombrero en la cabeza a la par que caían las luces para tornar al oscuro completo.

Los cantes de tonás de los sevillanos sirvieron para que a la joven bailaora le diera tiempo a cambiarse y salir a escena con mantilla en marfil con estampados y vestido ajustado al talle en color crema. Nuevamente, tiró de bravura para plantarse delante del respetable a solas con Luis Mariano, que fue de lo mejor de la noche en el atrás con diferencia denotando ser esa media naranja imprescindible para las intenciones que nos mostraba en catálogo la bailaora. Ambos a solas, con la fuerza y la sabiduría de los palos de la tierra, desgranaron una preciosa, íntima y decorosa granaína con un toque excepcional de Luis Mariano, un guitarrista que si bien es muy apreciado en tierras granadinas es menos conocido por estos lares, pero que ayer nos demostró una sapiencia espectacular y un toque muy personal, en ocasiones barroco y recargado, y en otras, como en la granaína, con un toque particular, lleno de tintes morunos y ‘sacromontianos’ en sepia. Patricia Guerrero hizo un número sin cante, con la armonía de las cuerdas, a las que bailó sin dar prácticamente ni un solo zapateado. Sin obviar que eran su soporte se sumergió en los sonidos, para adjuntar plasticidad de un cuerpo que da giros sin perder un ápice el equilibrio, sin mostrar lagunas dubitativas. Incluso en el momento en que perdió de vista el mantón y cayó al suelo, Patricia supo aprovechar la situación para hacer participar al mantón sin control en su juego e introducirlo como un elemento más de la coreografía, pasando prácticamente inadvertida la errata, que al final no fue tal. Un bellísimo número que controla y hace suyo y que sin duda nos va a dar muchas alegrías con un palo que muy pocas se atreven a ejecutar y menos aún sin el apoyo de la voz. Dando lugar con ello al palo por excelencia de su tierra y llevándolo al terreno denostado del baile.

Los tarantos cantados sirvieron de preámbulo para que Patricia se preparara y entrara nuevamente en el momento de los tangos, como no, de Granada. Con mucha fuerza y determinación pasea el garbo de su grácil y esbelta figura por el escenario con los sones del Albayzín, del empedrado de Plaza Larga, de la curva del Arco de las Pesas, de las migas invernales. Patricia tira de caderas y piernas abiertas en un nuevo registro de baile bien diferenciado de los anteriores, aprovecha para incluir cortes con los que juega al silencio y a la intención, introduce algo más que en los anteriores números los pies, que hasta ahora fueron detalles con cuenta gotas. Cuida con mesura las entradas y salidas con detalles dignos de horas de estudios y de persona responsable, que aplica con criterio lo que ha aprendido con la observación.

Cerró la noche con unas soleás por bulerías bastante veloces y donde, por si a alguien la cabía alguna duda, los protagonistas absolutos fueron los pies, demostrando que sabe usarlos, pero que tienen su momento en cada palo, con una cantidad de registros que fueron una más que agradable sorpresa para el final del espectáculo. Además, ofrece movimientos lejos de lo perfeccionista de la coreografía para dejarse llevar por la intuición que al final es la que marca la diferencia de una bailaora con clase como Patricia Guerrero. Si bien la música en este número fue algo más estridente de lo apetecible, hasta el punto de valorar y hacerse necesario y obligado los silencios, Patricia supo defender su terreno y nos demostró que tiene capacidad para afrontar los desajustes, percibiéndolos rápidamente y no dejándose llevar por la emoción desaforada.

La joven granadina nos demostró que es una bailaora capacitada para afrontar retos de creación de espectáculos, que si bien se notó la mano de Rubén Olmo en algunos momentos, también se notó la de "La Presi", esa profesora perenne que está en la sombra de la Cuesta de Los Chinos que ha abierto las puertas al corazón del flamenco a tantas y tantas bailaoras. Se aprecian detalles de "La Yerbabuena" en las formas de entender el baile, y sobre todo, se ajusta al perfil de la autodidacta que aprendió a oler el arte porque era su forma de sobrevivir. No le faltan recursos y los aplica con tesón hasta el punto de transmitirnos su seguridad de una joven de sólo 22 años. Lo que puede darnos esta muchacha dependerá de varios factores, pero desde luego ayer nos demostró que tiene papeletas para darnos alegrías y satisfacciones, haciendo honor a su apellido.

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